jueves, 28 de mayo de 2009

Vivir No Duele

Definitivo, como todo lo que es simple.
Nuestro dolor no viene de las cosas vividas, sino de las cosas que fueron soñadas y que no se cumplieron.
¿Por qué sufrimos tanto por amor?
Lo correcto sería que la gente no sufra, apenas agradecer por haber conocido una persona tan linda, que generó en nosotros un sentimiento intenso y que nos hizo compañía por un tiempo razonable, un tiempo feliz.
Sufrimos... ¿por qué?
Porqu automatáicamente olvidamos lo que fue disfrutado y comenzamos a sufrir por nuestras proyecciones irrealizadas, por todas las ciudades que nos hubiera gustado conocer al lado de nuestro amor, y no conocimos, por todos los hijos que nos hubiera gustado tener juntos y no tuvimos, por todos los espectaculos, libros y silencios que nos hubiera gustado de haber compartido y no compartimos.
Por todos los besos cancelados, por la eternidad.
Sufrimos, no porque nuestro trabajo es desgastante y paga poco, sino por todas las horas libres que dejamos de tener para ir al cine, para conversar con un amigo, para nadar, para enamorar. Sufrimos, no porque nuestra madre es impaciente con nosotros, sino por todos los momentos en que podríamos estar confidenciando con ella, nuestras más profundas angustias y ella estuviese interesada en comprendernos.
Sufrimos, no porque nuestro equipo perdió, sino por la euforia perdida.
Sufrimos, no porque envejecemos, sino porque el futuro nos esta siendo confiscado, impidiendo que mil aventuras nos sucedan, todas aquellas con las cuales soñamos y nunca llegamos a tener. ¿Cómo aliviar el dolor de lo que no fue vivido?
La respuesta es simple como un verso:
Cada día que vivo,
me convenzo más de que el desperdicio de la vida
está en el amor que no damos, en las fuerzas que no usamos, en la prudencia egoísta que nada arriesga, y que, esquivándose del sufrimiento, hace perder también la felicidad.
El dolor es inevitable.
El sufrimiento es opcional.

Carlos Drummond de Andrade

miércoles, 27 de mayo de 2009

-No, es No y hay una sola manera de decirlo. No. Sin admiración, sin interrogantes, ni puntos suspensivos.
-No, se dice de una sola manera. Es corto rápido, monocorde, sobrio y escueto.
-No, se dice una sola vez. Con la misma entonación.
-Un No que necesita de una larga caminata o una reflexión en el jardín no es No.
-Un No que necesita de explicaciones justificadoras, no es No.
-No, tiene brevedad.
-No, no deja puertas abiertas ni entrampa con esperanzas, ni puede dejar de ser.
-No, aunque el otro y el mundo se pongan patas arriba.
-No, es el fin de un libro, sin más capítulos ni segundas partes.
-No, no se dice por carta, ni se dice con silencios, ni en voz baja, ni gritando, ni con la cabeza gacha, ni mirando hacia otro lado, ni con símbolos devueltos, ni con pena, aún menos con satisfacción.
-No, es No. Cuándo el No es No, se mirará a los ojos y el No se descolgará naturalmente de los labios.
La voz del No, no es trémula, vacilante, ni agresiva, no deja lugar a dudas.

Ese No, no es una negación del pasado, es una corrección al futuro.

Sólo quién sabe decir No, puede decir Si.

martes, 26 de mayo de 2009

Diferencia

Hay dos mares en Palestina. Uno es fresco y lleno de peces, hermosas plantas adornan sus orillas; los árboles extienden sus ramas sobre él y alargan sus sedientas raíces para beber sus saludables aguas y en sus playas los niños juegan.
El río Jordán hace este mar con burbujeantes aguas de las colinas, que ríen en el atardecer.
Los hombres construyen sus casas en la cercanía y los pájaros sus nidos y toda clase de vida es feliz de estar allí.
El río Jordán corre hacia el sur a otro mar, donde no hay trazas de vida, ni murmullos de hojas, ni canto de pájaros, ni risas de niños. Los viajeros escogen otra ruta, solamente por urgencia lo cruzan, el aire es espeso sobre sus aguas y ningún hombre, ni bestias, ni aves la beben...
¿Qué hace esta gran diferencia entre mares vecinos?
No es el río Jordán.
El lleva la misma agua a los dos.
No es el suelo sobre el que están, ni el campo que los rodea.
La diferencia es ésta: El mar de Galilea recibe al río, pero no lo retiene.
Por cada gota que llega, otra sale.
El otro mar retiene su ingreso, y cada gota que llega, allí queda.
Le llaman mar muerto.