viernes, 6 de marzo de 2009

Como ves el Mundo...

Llega un joven a un oasis , toma agua, se asea y pregunta a un anciano que se encuentra descansando:
-¿Qué clase de personas viven aquí?
El anciano le pregunta:
-¿Y qué clase de gente había en el lugar de donde vienes?
-Toda gente egoísta y mal intencionada, replicó el joven; estoy encantado de haberme ido de allí. A lo cual el anciano comento:
-Encontrarás
lo mismo aquí.
Más tarde, otro joven fue a beber al oasis, y, viendo al anciano, preguntó:.
-¿Cómo es la gente de aquí?
El viejo respondió con la misma pregunta:
-¿Cómo son las personas en el lugar de donde vienes?
-Un magnifico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias... lamento tanto haberlos dejado...
-Aquí es igual.
Alguien que había escuchado ambas conversaciones, le preguntó:
-¿Cómo puedes dar respuestas tan diferentes a la misma pregunta?
El sabio anciano contestó:
-Sólo podemos ver lo que llevamos en el corazón... Si no encontramos nada bueno en los lugares donde estuvimos, tampoco encontraremos otra cosa aquí, ni allá, ni en ninguna parte.

Cuando te sientes dolorido por algo externo; lo que verdaderamente te perturba, es tu propio juicio sobre eso.


jueves, 5 de marzo de 2009

Las Tres Pipas

Una vez, un miembro de la tribu se presentó furioso ante su jefe para informarle que estaba decidido a tomar venganza de un enemigo que lo había ofendido gravemente. Quería ir inmediatamente y matarlo sin piedad!
El jefe lo escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a hacer lo que tenía pensado, pero antes de hacerlo llenara su pipa de tabaco y la fumara con calma al pie del árbol sagrado del pueblo. El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol. Tardó una hora en terminar la pipa.
Luego sacudió las cenizas y decidió volver a hablar con el jefe para decirle que lo había pensado mejor, que era excesivo matar a su enemigo pero que sí le daria una paliza memorable para que nunca se olvidara de la ofensa.
Nuevamente el anciano lo escuchó y aprobó su decisión, pero le ordenó que ya que había cambiado de parecer, llenara otra vez la pipa y fuera a fumarla al mismo lugar.
También esta vez el hombre cumplió su encargo y gastó media hora meditando. Después regresó a donde estaba el cacique y le dijo que consideraba excesivo castigar físicamente a su enemigo, pero que iría a echarle en cara su mala acción y le haría pasar verguenza delante de todos.
Como siempre, fue escuchado con bondad, pero el anciano volvió a ordenarle que repitiera su meditación como lo había hecho las veces anteriores.
El hombre medio molesto pero ya mucho más sereno se dirigió al árbol centenario y allí sentado fue convirtiendo en humo, su tabaco y su bronca.
Cuando terminó, volvió al jefe y le dijo:
"Pensándolo mejor, veo que la cosa no es para tanto.
Iré donde me espera mi agresor para darle un abrazo.
Así recuperaré un amigo que seguramente se arrepentirá de lo que ha hecho".
El jefe le regaló dos cargas de tabaco para que fueran a fumar juntos al pie del árbol, diciéndole: "Eso es precisamente lo que tenía que pedirte, pero no podía decirtelo yo, era necesario darte tiempo para que lo descubrieras vos mismo".


Mamerto Menapace

miércoles, 4 de marzo de 2009

Sabiduría

Un viejo árabe que vivía desde hacía 40 años en los EE.UU.- cerca del Pentágono- quería plantar papas en su jardín, pero, arar la tierra era ya un trabajo muy pesado para él.
Su único hijo, Ahmed, estaba estudiando en Francia, y el viejo le envió un correo electrónico explicando: Querido Ahmed, me siento mal, porque no voy a poder plantar papas este año.
Estoy muy viejo para trabajar la tierra. Si estuvieras aquí, sé que darías vuelta la tierra por mí. Que Alá esté contigo. Te quiere, papá.
Pocos días después recibió un correo electrónico de su hijo: Querido papá, por lo que más quieras, no revuelvas la tierra de ese jardín, ahí es donde tengo escondido aquello. Te quiere, Ahmed.
A las pocas horas aparecieron cientos de Policías locales, agentes del FBI, de la CIA y representantes del Pentágono, para registrar el jardín en busca de materiales de destrucción masiva; bombas, ántrax o lo que sea.
Removieron todo el jardín, y como finalmente no encontraron nada, se fueron.
Ese mismo día el hombre recibió otro mail de su hijo:
Querido papá: Seguramente ya podrás plantar las papas.
Es lo mejor que pude hacer desde aquí.
Te quiere, tu hijo Ahmed.

Tomado de "Reflexiones Para el Alma"